Rancheras de vanguardia

 

   A estas alturas ha de seguir destilando humedad el impar animador Gustavo Alvite, de Sinfonola, quien este 5 de mayo se aventó un “pollamón” -como decían amigos suyos y míos- que giró en torno al agua.

   Abarcó todas las variantes (ríos, mares, lagos, lagunas y lluvia), incluyendo algunas no tan convencionales (lágrimas y tragos). Música y datos.

   Nunca se dijo (o no escuché) el motivo real, si es que lo hubo, pero el resultado final fue estupendo, sobre todo un magnífico pretexto para subvertir el perfil de la estación, que de por sí se ha ido flexibilizando.

   Me recordó, inevitablemente, los primeros pasos para romper cartabones, dados en La Consentida, al comienzo de los 80, y luego aquellos magníficos programas (temáticos, monográficos) de la Red, al inicio de los 90.

   Ah, mis tiempos –como suspiraba aquel personaje que también abrió brecha en lo suyo: Don Rucailo.

   Y en aquellos tiempos no había equipos de producción ni de investigación… Ni siquiera un uso aplicado de la computadora. De manera que ahora, con el viento a favor, qué bueno se hagan esos especiales.

   Hoy las bases de datos arrojan no sólo títulos que pueden escapar a la memoria humana, sino brindan las distintas versiones en todos los géneros. Hace muy bien la radio en aprovecharlos al máximo.

   Y más aún, hace bien el medio en dar el toque que no podría dar el cerebro cibernético más sofisticado: el de la animación singular, al estilo Alvite.

Girando el dial

   Hablando de estilos, ¿quién sucedió a Alvite ese 5 de mayo en XEBS? Aportó interesantes viñetas (y bien dosificadas) de la gesta heroica de Puebla. Lo malo: le dio por pasarlas como si reseñara la batalla. Y “se emocionó” de más.

   El pasado “Día del niño” el cuadrante también me puso nostálgico (lo malo de llegar a viejo y de estar fuera de la jugada, con toda seguridad). Porque salvo en los contados programas infantiles de la época, la fecha pasaba inadvertida para el resto de emisiones. Cero especiales.

   Ah, pero en aquella Radio Consentida que tanto aportó y nadie se fijó (salvo mis operadores de entonces que todavía añoran la osadía de salirnos del orden), claro que sí reuníamos las escasas piezas e intérpretes vinculados con niños…

   Y la armábamos sobre la marcha, pese a los berrinches del chaparrín Sabino y hasta del tío Elías. Pero eso ya es historia, o confiemos que algún día lo sea.

   Ahora, da gusto oír que medio mundo celebra cada fecha del calendario y se ve obligado a echarle ingenio para competir. Los matutinos de puntadas (y bobadas), estuvieron divertidos. Fueron tantos (y tan parecidos) que resulta difícil detenerse con alguno en particular.

   No obstante, el show de Rosa Concha (Reporte 98) tuvo a bien buscar un ángulo ligeramente distinto: qué es lo que más impacta al dejar de ser niños. Buen punto. Sobre todo en estos tiempos en que los soldaditos de plomo vomitan plomo de verdad.

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