Nueva estrella de la radio

 

¿Quién goza de gran exposición al aire?.- Nadie nos gana en soberanía.- Madres y maestros en sus días.- Tlacuache salva pellejo y se fortalece.

 

   Convertido en verdadera figura del micrófono, con apariciones regulares por muy diferentes puntos del cuadrante, el padre Aguilar es dueño de una de las voces más identificadas de México.

   Si yo fuera publicista, lo contrataría.

   Y es que ya no sólo acude ocasionalmente a aquellas emisiones en que se le requiere en calidad de jefe de radio de la Arquidiócesis sino a otras, muy escuchadas, en que es comentarista habitual. Ejemplo: Encuentro con tu ángel o las transmisiones de la misa dominical.

   Además, don José cuenta con programas propios lo mismo en Radio Fórmula que en Reporte 98, señales que acaso estén más cerca del cielo que otras.

   En particular, Resonancias de la fé, por su versatilidad, resulta ágil y agradable. Ahí, además de glosar el evangelio, cuenta con secciones verdaderamente interesantes, como no suele haber en programas de tipo religioso…

   Y hablando de series dominicales, el programa del historiador Villalpando, en cadena por el Imer, repitió con acierto su especial dedicado a las madres del Siglo XIX, que ya alguna vez había ofrecido.

   Luego, apenas este domingo, ante el cuestionamiento de un oyente, aportó la característica fundamental para que un estado sea soberano: que se dé sus propias leyes. N´hombre entonces somos retesoberanos, porque por leyes no paramos.

   ¿Y de los maestros? Buenos los programas de Janet Arceo y Tere Aviña, ambos por Fórmula.

   Carmen Aristegui entrevistó al constitucionalista Carrancá y Rivas en torno al problema de electricistas, que por lo visto se lo piensan llevar hasta después de las elecciones, cuando de paso se acabe la gestión del grupo que aún prevalece con representatividad sindical.

   Parece haberse fortalecido la pareja que hace El Tlacuache, a través de 102, de Radiópolis, luego del amago de salida abrupta por una broma que usó al vodevil en descenso del lamentable caso Paulette.

   Toda esa pléyade de programas de bromas bien requieren una revisión a fondo, de manera que conozcan sus límites o comiencen a establecerlos antes que se llamen coartados.

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