Más allá de Aristegui

Lo dicho, y lo que no se dice; la opción que ni siquiera se contempla; la verdadera trascendencia de la nueva mordaza.
Cuadrante / la columna.

Del despido de Carmen Aristegui de MVS está dicho casi todo. Desde la desmesura en la sanción por el abuso de la “marca” -para fines no solamente externos sino incómodos-, planteada por el mismísimo ombusman del medio, hasta la opinión oficial coreada por comunicadores obsequiosos: es un “conflicto entre particulares”.
Lo que no se ha destacado aún es que el despido de quien revelaba actos de corrupción y graves retrocesos en el país sirve ahora como velo para ocultar la lacerante realidad nacional. El colmo.
Se prevé, asimismo, una amplia gama de posibles desenlaces; menos que el ente estatal de telecomunicaciones asigne una señal de radio y televisión para voces independientes, que sería de la mayor salud social.
La naturaleza del producto en juego, información y análisis, tendría que salvaguardar su manejo; debe desterrarse la tentación de comerciar con la conciencia. El grave episodio tendría que replantear la propiedad de los medios (entre mercaderes la información sólo es negocio) y/o nuevas reglas para el financiamiento de espacios de interés social.
Más allá del severo golpe a la libre expresión, el caso Aristegui preocupa porque después de su despido cualquier otro comunicador podrá ser silenciado sin que ocurra absolutamente nada. Y la aberrante impunidad se consolidará en todos los ámbitos.

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