Zabludovsky, su reinvención en radio

Dije desde hace mucho y ahora lo sostengo: JZ reaprendió a ser periodista en la radio. Gracias a ese renovado ejercicio cotidiano, sus artículos en prensa le consiguen importante grado de reivindicación.

CUADRANTE / La columna de Gutiérrez Niño.

Hombre de sus tiempos –y del sistema. Icono indiscutible de la comunicación electrónica que, para bien y mal, hizo larga escuela. Ingenioso acuñador de frases que imponía a fuerza de repetición. Personaje que se inventó a sí mismo –y fue capaz de reinventarse… Zabludovsky.
Hijo de la radio (CRC, la QK y XEX, principalmente), comentó para XEW y difundió por ahí su más célebre reportaje en directo (el recorrido por la ciudad devastada por el primer sismo de hace 30 años), tuvo en La 69 (y Radio Red) su cúspide profesional.
Se formó periodísticamente en la prensa (El Nacional, El Redondel y Siempre), cobró fama e influencia en la televisión (Noticiero General Motors, Su Diario Nescafé, 24 Horas y Eco, primordialmente), pero reaprendió a ser periodista con y en la radio.
Cuando regresó al medio, el país buscaba cambios impulsados desde el micrófono. Habilidoso, dejó los viejos cartabones televisivos, que tanto le dañaron y le cobraron elevadas facturas de credibilidad, y se adentró en las nuevas formas de hacer periodismo electrónico.
Entre el laconismo del presentador clásico y la añoranza del testigo / relator de la historia contemporánea que aporta valiosos elementos desde una óptica personal, su crítica política y social; la mesurada toma de partido por las causas populares. El retorno al origen.
Buen entrevistador y mejor cronista, la cereza del pastel profesional fue su labor como articulista en El Universal. Ahí, ciertamente, se manejó con la maestría que da la experiencia y la cultura; el trato directo con los protagonistas de la historia contemporánea.
Zabludovsky no pudo rectificar el país que contribuyó a conformar pero tuvo el coraje de rectificar él mismo. Contra la actitud de otros pilares del sistema (Fidel Velázquez, por ejemplo), algo intentó al menos.
Más que los momentos luminosos (Cuba y Cabo Cañaveral, o las entrevistas con Dalí y tantos personajes mundiales), lo mejor de su obra queda en los archivos de El Universal y la fonoteca de Radio Centro. Es decir, su labor en la última década.
Sus artículos pueden constituir una verdadera antología de la agudeza y profundidad bien escritas, y sus comentarios testimoniales de pasajes y personalidades integrarían un acervo invaluable.
En lo particular, me quedo con su gratísimo reencuentro con Jorge Saldaña, el célebre moderador de las “Anatomías” de Canal 4, verdadero pionero de un periodismo genuino por televisión. (Con Saldaña y con Álvaro Gálvez y Fuentes, por cierto, JZ integró la terna de la que saldría el conductor de “24 Horas”).
Esa emisión “De una a tres” y la última que le oí, que de inmediato intuí era la última (la glosa y agradecimiento a la entrevista que le hizo De Mauleón, el intelectual, y que publicó El Universal como homenaje de cumpleaños, donde se le oyó no sólo emocionado sino fatigado), quedan entre las memorables y de excelente manufactura.
Lo demás es lo íntimo. Encuentros y libros. Las pequeñas grandes atenciones. Los amigos en común. Las grandes diferencias, minimizadas. Ya todo ayer, camino al éter –y el silencio.

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