Encuentros y silencios con Mario Córdova

pesame0De origen humilde y trato afable, Mario Córdova alcanzó la vicepresidencia de Radio Fórmula. Comenzó en Radio Centro en una posición muy modesta pero se abrió paso con ingenio y dedicación. Ayer sufrió un infarto en Lerma, donde vivía y desde donde transmitía su programa “Encuentro con tu ángel”

Con la publicación de la bendición apostólica de Francisco para Mario Córdova, sus colaboradores y oyentes, el diálogo se reanudó. El la compartió en su muro de Facebook y yo la llevé a nuestro grupo de radio.

“Por eso, de vez en vez, volvemos al redil angelical… Aunque nadie me haya pelado cuando pedí apoyo -para tocar la misa en marimba, por el día que promovemos para ese instrumento”, comenté en la introducción del post.

Pronto respondió escuetamente: “Platícame, saludos”.

“Gracias, querido amigo. Fue en diciembre”, indiqué y añadí: “Si ando en este plano a fin de año, ya te molestaré: la idea era simple: que se emplearan los cantos en marimba, para la misa por radio con el padre Aguilar. Saludos”.

Esto me estremece. Iba a emplear el plural (“si andamos en este plano…”), pero advertí a tiempo la descortesía y opté por el singular.

Aquello ocurrió entre la tarde y noche del 18 de febrero. A la mañana siguiente (viernes 19), cuando Mario comenzaba su programa, pasaditas las seis, escribió: “oks no sabia y con gusto”.

En su programa del sábado 20, seguramente el último, se dejó oír un puentecillo en marimba, por demás inusual. Su respuesta; su despedida… Buen signo.

 

El reciente intercambio de señales, en realidad, comenzó días antes, con un entusiasta artículo que dediqué a su competencia más cercana (Adriana Corona, en 15-30 AM), quien hace buen programa y mejor labor.

Luego, por la visita del papa, publiqué una muy casual fotografía de mi esposa en compañía de un colaborador de Mario: el padre Aguilar, quien como integrante del staff de TV Azteca compartió capilla con familiares del Coro de Infantes de la Basílica.

Finalmente, el post con la bendición papal y el intercambio referido. Sin mayor interacción. Sólo una petición final: tomarnos la foto juntos. Ya no hubo respuesta, ni habrá foto.

 

Durante un breve tiempo, al final de la década de los 80, solía coincidir con Mario Córdova cada mañana, cuando ambos arribábamos a Radio Fórmula.

Siempre intercambiábamos un breve saludo, pues, aunque no llevamos mayor relación, ambos procedíamos de Radio Centro y, creo, eso nos identificaba, incluso más que con varios de mis exalumnos que ya laboraban en ese grupo.

Entonces él dirigía la grupera Radio Uno y yo intervenía en las mesas redondas de don Pedro Ferriz (y lo suplía en la conducción, por sus frecuentes ausencias, pues iba a grabar a provincia sus programas de tele).

El locutor y productor de Radio Uno, Juan Ramón Sáenz, también me saludaba con mucho entusiasmo y repetía: queremos que vengas a hacer un programa como “Los adoloridos”. Me limitaba a sonreír y decía que estaba a la orden.

Por ese tiempo trabajaba para Televisa (y el SNTE) y ya habían sugerido (y recomendado) a Virginia Sendel que hiciera yo en XEW una especie de “Adoloridos”, que francamente no me entusiasmaba. Finalmente encargaron el proyecto a Marta Susana, cobrando gran notoriedad.

Por mi parte, pretendía hacer radio seria o menos trivial; periodismo radiofónico o, mejor aún, radio total. Finalmente y por fortuna, pude hacerla en Radio Red.

 

A mi salida de la Red, ocurrieron cosas raras.

Estuve a un tris de relevar a Granados Chapa en la conducción del matutino de Radio Mil, y en Fórmula prácticamente me daban a escoger entre la dirección de noticias o la conducción de su principal informativo. Pero “inexplicablemente”, todo se vino a pique.

Entre los gratos recuerdos de entonces, la noche que salía yo de un debate en Radio Fórmula. El vicepresidente de Opinión, Gabriel Núñez, decía en rueda: “¡Qué bueno es este Gutiérrez Niño!”. Pero de ahí no pasó.

De pronto fue evidente que ninguna puerta se abriría por entonces, y opté por lo que, más temprano que tarde, tendría que hacer: tirar pa’l monte. Y regresé a mi tierra, donde muy poco me duró el gusto de dirigir un concepto que había creado: “Stereo Costa: música, palabra y brisa”.

En todo ese tiempo, no supe de Mario Córdova. Hicieron “Golpes en el corazón” y “La mano peluda”.

 

Cuando varios años después, ya en el nuevo siglo y milenio, volví a la capital, pues debía apoyar a mis hijos que venían a realizar estudios superiores, toqué puertas por doquiera pero se habían olvidado de mí.

Pasado algún tiempo, me llegó un aviso: Mario Córdova me buscaba para conducir un nuevo programa: “Encuentro con tu ángel”. Encargaron que me lo dijera un “amigo” al que veía con cierta frecuencia en el café, pero se le “olvidó”.

Entonces fue cuando Mario se decidió a tomar el micrófono. Y lo hizo bien. Para agradecerle, pasé a obsequiarle una enciclopedia que podía servirle en su producción.

Algún tiempo después, otra búsqueda. Iban a relevar a Sáenz de la conducción de “La mano peluda” y de nuevo pensaron en mí, pero su antiguo conductor, García Castillo, se apuntó oportunamente.

Entonces, pese a mi precaria circunstancia, no lo lamenté. No me interesaba el perfil y prefería fuera mi amigo quien retornara al camino que dominaba plenamente.

Tiempo después se daría un aplazado reencuentro, de mera cortesía. Mario me invitó a desayunar frente a las instalaciones de Radio Fórmula, en Coyoacán, y me instó a presentarle proyectos para 1470 AM.

Y sí, los hice, pero sabedor de lo que pasa con los proyectos “en blanco y negro”, le propuse que si tenía pensado algo, se lo realizaba; lo que fuera. Le recordé que en la Red hice mil emisiones distintas… Quedamos en seguir en contacto.

Ante la aparición de mi librillo, vía redes sociales dejó entrever la posibilidad de presentarlo. Pero no volvió a tocar el tema.

Cuando dijo públicamente que requería programadores y realizadores para estaciones online, le envié un correo indicándole que mi hijo menor estaba interesado en la radio; que entonces estaba colaborando en una escuela taller. No supe qué pasó; si se enteró o no.

Con la vertiginosidad con que tiempo y vida se van, no volvimos a vernos.

Me hubiera gustado saludarlo, acompañarlo acaso en otro de sus desayunos a salvo de excesos. Pedirle apoyo para contactar hogares comprometidos con la espiritualidad, pero…

Como nos falta a muchos, el aire se le acabó.

(JGN).

 

 

 

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