Restar para multiplicar

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¿Vale arar en el aire? / Más estratégicos que nada, los cambios / Desbarrancado a dos años de reconocido / Primer movimiento, vale la sintonía / Primer programa de marimba / Enrique Guzmán cierra ciclo en radio.

CUADRANTE / la columna –de Joaquín Gutiérrez Niño.

Hace todavía poco, a propósito del cierre del Café San José, mi generoso anfitrión actual -en ABC 760 AM-, el caballeroso Mtro. Heriberto Vázquez Muñoz, me llamó “Incansable cronista de la radio”.

La verdad, valga la aclaración, sí fatiga o fastidia bregar en el éter, sin sentido a la vista, por lo menos palpable. ¿Vale reseñar una radio sin valor? ¿Vale sugerir cuando nadie quiere o puede cambiar para bien? Seguro, hay excepciones que se eclipsan entre la dispersión.

Los tiempos que corren son de sordos parlanchines, que hablamos por tener boca; sin criterios ganados con la autoridad que da el estudio y la práctica, equivocarse y mejorar. Pero peor ocurre más allá del medio; con la internet sobran todólogos…

De cualquier manera y así sea de vez en vez, hay que volver a la carga. Dejar algún registro, alguna vacilante opinión. Con suerte, no faltará un raro novato que aún no crea saberlo todo y repare en algo de tanto por reparar en las transmisiones.

Vivimos tiempos insólitos. Por XE o XH, hay varias frecuencias fuera del aire. Como diría Elvira García de GRC, citada por Claudia Segura: “está viviendo una etapa de cambios, unos son tecnológicos y otros estratégicos, programáticos y de negocios”.

Y sí, eso es claro: la nueva GRC sabe, y sabe muy bien lo que hace. Domina el arte de restar para multiplicar. Cumple sus roles en los campos (y tiempos) en que se desenvuelve. Como ocurre con los liderazgos en distintos ámbitos.

Pero ya estaban calladas la 13-20 (¿de InfoRed?) y luego la 12-90 (de Quiñones), sin que importara mayor cosa la vieja normativa que impedía los silencios innecesarios. Da la impresión que hoy la autoridad competente no sólo es complaciente sino que agradece las mermas.

Y si hemos de ser sinceros, para la enorme cantidad de señales (y para los contenidos que manejan), independientemente de la ostensible merma de auditorio, valdría más que hubieran muchas menos señales pero más sustanciales -y eficientes, claro.

Con los medios se esperaría algo similar a lo que muchos esperan ocurra con los partidos. Claro, en ambos casos hay que asegurarse un buen asiento…

El caso es que la radio toda pasa por filtros que dejan ir lo incómodo y retienen lo llevadero, lo inocuo. A tono con los tiempos, y ya no sólo electorales sino, sobre todo, los post -y los permanentes. No hay más sopa que la desabrida.

Por cierto, entre los programas extinguidos figura “Entre líneas”, que llevaba Alberto Barranco. Al parecer, fue un espacio que pareció predestinado al exterminio. En su primera época, con Sarmiento y Verónica Ortiz, fue culpable de la salida del aire de Expresión 7-90.

Ahora, lo curioso es que saliera justo a dos años que Barranco recibió el Premio Nacional de Periodismo. Suele suceder así, como el viejo cuento: pasó tantas veces con tantos del gremio, y nadie dijo nada, o casi nada, que ahora nadie queda para piar siquiera.

Hagamos pues lo que medio mundo: palmadita, un lo siento mucho, y sigamos. Hasta que las condiciones sean distintas. A ver quién alcanza a verlas.

Entre los colados que siguen al aire, “Primer movimiento”. En la emisora que silenció a Perelló: Radio Universidad. Es una revista matutina que vale la sintonía. Pese a fallas en el manejo de la técnica radiofónica, la emisión es una genuina extensión universitaria, en lenguaje bastante asequible.

De repente hay sustos con salidas del aire, mal que tanto padece Radio Educación… Como cuando hablaron de la fiebre amarilla, transmitida con el mismo vector que ha minado a la población suriana con varias enfermedades. Claro: tocaban el monto de negocios alrededor.

Los contenidos, valiosos e interesantes, aunque acaso no programados con la mejor continuidad. Ojalá cuiden la dicción de los conductores y el ritmo de la emisión.

Y hablando del sur, Radio Universidad (que es la denominación octogenaria, dicho de paso) acaba de abrir un primer programa dedicado a la marimba. De las pocas ideas que da gusto nos ganen. “Frecuencia marimba” pasa los viernes a las nueve de la noche.

Hace mucho hemos insistido en el propósito de producir un programa para el teclado de madera (y otro dedicado a Chiapas), pero… No hay radiodifusores valientes. Qué bueno que XEUN ya se animó.

Hoy se despidió Enrique Guzmán García con su programa Serendipia (lo bueno inesperado), que por más de un año presentó a través de ABC 760 AM. Más que el simple hecho de terminar un concepto, Guzmán cierra su ciclo en la radio.

Llegó al medio -hace más de dos décadas- en Michoacán, ya que su papá fue un personaje del micrófono. Acá hizo cabina y noticias en varias señales; su cúspide fueron las hoy fusionadas RED / F21.

Guzmán García es de esos escasos profesionales con los que se puede discrepar pero se conserva el respeto y aprecio, casi como ocurría con el inolvidable maestro Silvestre Raso. Es una verdadera lástima su ausencia del cuadrante, aunque bien merece el éxito como emprendedor.

 

 

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