Radio y registros

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La crisis de interés parece ser el signo que invade al medio. Pese a todo, aún hay cosas por oír y reseñar, así sea -qué mejor- de modo colectivo.


CUADRANTE / La columna, de Gutiérrez Niño.
16 de febrero.
Vuelan las aves y las hojas, de árboles y calendarios; el tiempo sólo se precipita, se desploma como sol en verano… digo, para no caer por completo con el lugar común.
Tan notorio es esto, que ha pasado más de medio año desde el último post en el blog que quiso dar continuidad a la columna pionera de la radio. Y no se trata solamente de la columna como tal, que no me he dado tiempo para escribir, sino de cualquier otra nota, para cualesquiera de las secciones.
No he sido quien, siquiera, para copiar y pegar algunos de los magníficos textos que han circulado por las redes. Me apena confesar mi indolencia, pero… ¿qué hacer?
La pereza individual se alimenta de la indiferencia generalizada: ¿para qué? ¿A quién importa alguna opinión al respecto? Más que nunca, ahora, cuando -insisto- a nadie importa, todo mundo tiene una opinión, y cree poseer la verdad.
Si me apuran tantito, ¿a quiénes, realmente, importa la radio actualmente? ¿A cuántos? El amor al medio nos hace resistirnos a la realidad o conceder mayor validez de la merecida a los interesados sondeos de auditorio.
En la comunidad virtual a la que evolucionó finalmente aquella vieja columna (por fortuna, y por el entusiasmo de los colegas, muy especialmente de Conti González, la coadministradora, y de Aída Luna), hemos indagado cuáles son nuestros consumos personales (programas y estaciones), y las respuestas son escasas.
Y somos quienes amamos la radio… No la oímos, en realidad. Con el pretexto de que no hay algo que valga la pena. Pero hay, y mucho, pero ya no sabemos qué pasa dónde y a qué hora. No hay columnas para enterarse, y la web contribuye a la dispersión informativa.
Quise escribir algo cuando echaron montón a Perelló, censurando su derecho a expresarse. Comencé a escribir y me detuve, acaso por esa pésima costumbre de dejar cosas inconclusas; a lo mejor por el temor inconsciente a correr igual o peor suerte que el lépero izquierdoso.
Cuando murió el ex conductor de Radio Universidad, quise volver al articulejo, pero me pregunté lo mismo: ¿para qué? ¿Alguien va a modificar su parecer? No, desde la terca postura ideológica, nadie se mueve un milímetro de su sitio.
Otro deceso que me haría retomar el teclado fue el de Mario Vargas. Había un par de tópicos poco conocidos en torno al enigmático presentador de la fiebre disco, pero… ¿qué más daba publicarlas o no?
Me parece que el golpe al subconsciente que significa el desinterés del medio para recuperar y reciclar mi archivo, en el que la columna es vertebral, se traduce en la puntilla para botar todo.
Con todo, en este aniversario número 42 de la aparición de Cuadrante, hice un esfuerzo casi titánico para echarme un clavado en la bodeguita donde quedaron los paquetes del librillo que no me atreví a llevar al kilo.
Me dije que, pese al añejamiento (son textos de 2013), valdría el último intento para ponerlos a circular, con el mismo fin con que se imprimieron: para solicitar apoyos voluntarios para recuperar el Archivo Aguila, máxime ahora que cayó el caserón que lo albergaba en Chiapas.
Y volvió a temblar hoy. Como para recordarme que no debo dormirme en los laureles; que si se hacen rosca con los de por sí insuficientes apoyos para damnificados, algo debo hacer para cumplir el cometido, aunque a nadie interese mayor cosa.
En esas ando, amigos. Quiero sacar fuerzas de aquel olvidado gozo que experimenté cuando vi impresa la primera edición de una columna que creí útil al medio.
Entiendo de sobra que a nadie importa ya la información ahí contenida, pero acaso algún día brille de nuevo el interés por lo que algunos creímos alguna vez importante: los realizadores y su labor.
Por lo pronto, es alentador constatar que, al menos en la radio pública, cultural o universitaria, hay quienes ya protestan por el abuso de propaganda electoral en la radio. Fue de lo último que publiqué, antes que se me cerraran las páginas para la columna.
Algo de eso escuché ayer a través de Radio Educación, en una producción de Radio Tepoztlán.
Asimismo, con motivo al reciente Día Mundial de la Radio, la conductora de “Primer movimiento” citó una buena cantidad de muestras de radio alternativa; muy enterada. Y reconoció al analista Sosa Plata… Qué reconfortante.
Si bien ya no oigo radio como antaño, sigo disfrutando la poca que puedo sintonizar. Acaso falte el aliciente y compromiso del pago por reseñar, tan necesario aunque siempre fue raquítico. Pero la realidad es que nadie quiere análisis de medios, ni regalado. Signo de los tiempos.
Total, de una forma u otra, así sea irregularmente, pero Cuadrante sigue. Acá, en este blog, en el librillo y en los espacios homónimos de Facebook…
Pero, más que nada, gozo una enormidad la interacción de mis compañeros de grupo. Sus datos y opiniones lo mantienen a uno con la grata sensación de permanecer vigente. Qué gusto estar cerca, así, de las Figuras del Cuadrante. Me congratulo.

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