GRC: el des-concierto

Lamentable, en verdad, que se cierren señales que calaron hondo al seno de la sociedad contemporánea, como Radio Red y Formato 21. Más aún el inminente retiro de periodistas y demás comunicadores. Mas, en la lógica empresarial y principalmente entre radiodifusores, Aguirre Gómez avanza con sus propósitos.

CUADRANTE / La Columna -de Joaquín Gutiérrez Niño.

Sigue la desconcertante metamorfosis de Grupo Radio Centro.

Entre sus acciones más recientes, la concentración de talentos en la que pareciera nueva líder del grupo: Radio Centro FM 97.7, y la desaparición -temporal, han dicho- de Radio Red y F21 que venían compartiendo señal de AM.

Esa gradual extinción que comenzó con las señales compartidas (permanece aún, solamente, Radio Centro y El Fonógrafo, en 690 AM), hasta culminar con el virtual apagón de sus señales de AM, confirman un hecho por demás evidente: no son necesarias tantas frecuencias sino optimizar las existentes.

Y la moraleja (lección contundente, en realidad) cabría para la industria (y el medio) en su conjunto.

Evidentemente, los reacomodos resultan incómodos y hasta dolorosos; desconcertantes, decíamos. Lo peor, sin duda, es la salida de un considerable número de comunicadores. De paso, desata cualquier cantidad de lucubraciones; la posible quiebra, incluso, que parecieran esperar muchos.

Sería deseable que, para acallar rumores, los medios supieran ser fuentes de información confiable y aprendieran a despejar dudas; es decir: responder a las inquietudes de informadores y público, y no solamente decir lo que quieren divulgar, y -menos aún- hacer como los políticos que supuestamente dicen lo que el pueblo quiere oír.

Un medio de comunicación tendría que hablar siempre con la verdad, y principalmente cuando habla de sí mismo.  Sería (es) la prueba fehaciente de su confiabilidad.

Pero al margen de malos y buenos deseos, cabe suponer que -en los hechos- la familia Aguirre, con Francisco Aguirre Gómez a la cabeza, sabe bien lo que quiere y por qué hace lo que está haciendo.

Aguirre quería asumir el mando y quedarse con la mayoría de acciones de la empresa, y lo consiguió. Ha querido también sacarse la espinita de haber perdido la concesión de Canal 13, y ya está a punto de poner a prueba no solamente la señal del nuevo Canal 8 sino su habilidad empresarial.

No sigue todos los cánones ortodoxos, probablemente, pero lleva adelante sus planes. Y pese a los serios conflictos y prolongados litigios con el comunicador José Gutiérrez Vivó, demuestra ahora que -pese al viraje de la historia y la correlación con el poder- es capaz de manejar cartas insospechadas.

Tras la alianza con Aristegui Noticias y la incorporación de periodistas afines al nuevo régimen, como Julio Astillero, el magnate sería capaz de reservarnos nuevas y mayores sorpresas.

Finalmente, Aguirre ha seguido el péndulo político y lo que éste marca para ese binomio inseparable (hasta ahora) de poder y medios.  Mientras ese ritmo no se rompa, cosa poco probable en el sistema mexicano, las cosas pueden ir bien -para él y su empresa.

Quienes hoy se asombran por el silenciamiento de dos servicios que fueron importantes (Red y Formato) es porque no estuvieron al tanto de cómo y por qué otro Aguirre (Adrián) exterminó -de la noche a la mañana- la ya olvidada Expresión 7-90 para dar paso a El Fonógrafo.

Casos y causas varían pero dan pistas.

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