Las tareas inmediatas

Frenar despidos por arrebatos (en la radio privada) y alentar una genuina comunicación (en los medios públicos), son las tareas inmediatas, a juzgar por lo observado esta semana en medios.

CUADRANTE / La columna –de Joaquín Gutiérrez Niño.

De la incertidumbre en el seno de GRC al propósito de perfilar un verdadero sistema de radiodifusión pública. Así transcurrió la semana en materia de medios.

Esos dos asuntos cruciales, que hablan por sí mismos de la relevancia que reviste el tema de la comunicación tanto en el sector privado como en el público, tendrían que ser analizados y tomados como punto de partida para corregir derroteros.

Por lo que toca a Radio Centro, las estrategias del grupo de Constituyentes y Reforma demuestran, en principio, que no se requieren tantas señales para realizar una radio significativa.

De paso, pudiera ser que se corrigiera en parte el error de matar a la gallina de los huevos de oro, que comenzó cuando Fórmula empezó a contratar figuras de renombre con honorarios disparados, lo que encareció una producción tradicionalmente económica.

Ese fenómeno, que engolosinó a muchos, y que desde esta columna se observó oportunamente, ha resultado finalmente contraproducente. Incluso, ha sido el culpable de que afamados comentaristas y conductores acabaran como virtuales salteadores de caminos.

Entrevistados y clientes gubernamentales, sobre todo de los estados, han pagado la vajilla completa.

En consecuencia última, el fenómeno incrementó de manera desproporcionada los presupuestos de propaganda y, desde luego, la corrupción en el sector. De ahí que ahora los recortes resulten tan dolorosos.

Y si los presupuestos se achican, con mayor razón las nóminas.

En este sentido, es loable la externada preocupación de Francisco Aguirre Gómez, quien admite que es elevado el número de despidos, que ha alcanzado incluso a la base sindicalizada, y desea poner alto ya a los recortes de personal.

Procedería ahora una elemental evaluación de los talentos a conservar y aquellos susceptibles de prescindir de ellos, pues se sabe que los recortes han sido sugeridos por mandos medios que no necesariamente supieron  responder a la confianza de la empresa y menos a su mística laboral.

De lo trascendido entre el desconcierto de los colaboradores, el caso de los ahora más afectados (periodistas y productores de noticias, adscritos a F21 y Radio Red), que por fin se atrevieron a hablar de prácticas poco o nada motivantes de su jefe. “Es él quien tendría que haberse ido”, dicen.

Algo habrá de cierto, sin duda, en la demora de aplicar correctivos a una productividad que no alcanzaba las metas esperadas, pues se vio claramente con la tardanza para renovar el área operativa y artística.

Pero la maquinaria está caminando. Se espera que esa intención de Aguirre Gómez sea sincera y respetada por sus subalternos. Falta que se revise cada caso pendiente; quiénes son responsables y eficaces, y a ellos conservar.

Así, el caso GRC acabará por ser un modelo respetable ante la industria, ávida por adoptar lo pertinente -y no puros arrebatos.

Por cuanto al Sistema de Radiodifusión Pública, pocos observadores cuestionan los nombramientos para medios financiados por entidades gubernamentales. En general, son profesionales respetados que han demostrado su interés por concretar cambios en el sector.

Menos puede cuestionarse el propósito presidencial de dotar de autonomía (en el sentido de sujeción a línea editorial) a esos medios, aunque el mandatario ha reconocido que se carece de una política en materia de medios públicos. Y de comunicación social, en realidad.

Sobre los hombros de los recién nombrados (Villamil, González, Alvarez Lima, Calleja, Sosa Plata, Martínez y Camacho), en las voces e imágenes de sus colaboradores, recaerá el menudo paquete de impulsar una verdadera transformación en el país.

En tanto se articula esa deseable política de comunicación, con aristas prácticas y eficaces, la selección de talentos tendría que hacerse entre quienes han probado un verdadero compromiso social (y verdadera aptitud para comunicar) en sus tareas previas.

Si se van por recomendados o eruditos despegados de la indispensable empatía que debe establecerse con el público promedio y mayoritario, o incluso únicamente por antiguos críticos al sistema, escaso o nulo aporte harán al requerimiento apremiante de comunicar al país.

Volveremos al tema, pero, descartado por obvio el oficialismo y/o el pernicioso elogio fácil y el triunfalismo, adelantemos que podrían partir de genuinas indagaciones comunitarias, para descubrir retos (y animar a asumirlos, mostrando los senderos) y para apreciar las buenas bases.

Hace 22 años, en la costa de Chiapas, experimentamos un modelo de radio total aplicado a la comunidad, que solamente se frenó por las concertaciones entre las derechas gobernantes. También de ello podríamos hablar, por si fuera útil.

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