Radio en víspera

Del corazón quebrantado al corazón roto, pasando por las mariposas en el estómago. Además, ¿qué falla: lo político o la política? Entre una somera reseña, de una jornada radiofónica sin detenimiento especial, pueden desprenderse tips para mejorar el medio…, si se quisiera.

CUADRANTE / La columna, de Joaquín Gutiérrez Niño.

Y para celebrar anticipadamente el “Día de la radio”, decidí en esta víspera hacer algo que pocos en estos tiempos: escucharla a lo largo del día, aunque solamente a ratos.
Desperté, antes de las seis, con alguna música rara que tocaba Radio Educación. Y es que, en la noche anterior, luego de sintonizar el ameno programa de Carmen Cardenal (dedicado esta vez a Víctor Cordero) estuve escuchando “Mi otro yo”.
El detalle recuerda la estrategia del difunto don Pancho Aguirre, quien puso a trabajar sus estaciones las 24 horas para que la gente, al dormir, apagara sus receptores en alguna de sus estaciones y, al despertar, continuara en la misma señal.
Interesante el espacio “Sin campo no hay ciudad”. Su tema central: la posible termoeléctrica en Morelos. Además, los hallazgos musicales por zonas indígenas captados por un investigador que tuve la suerte de tratar.
Con todo, le cambié a Radio Mil. Un título que parece los de la B: “Amanece” con notas que parecían exclusivas de la ciudad; muy ágil. Ahí, una especie de reportaje por entregas, de Josefina Herrera, pero dialogado.
El gran pendiente del medio: establecer programas con géneros, muy específicos. Y particularmente con reportajes propiamente dichos, y bien producidos.
¿Dónde han andado nuestros periodistas radiofónicos? ¿No habrán escuchado algún reportaje modelo? (De RFI, digamos). Valdría que leyeran y oyeran a Tito Ballesteros, caray; hace tantos aportes y, ¿cuántos jóvenes mexicanos lo siguen?
Para aprender de la radio, lo primero que debe hacerse es oírla. Advertir sus aciertos y fallas; cubrir sus vacíos.
A las siete busqué el “Primer movimiento” de Radio UNAM. (Ante la persistencia de los nuevos comunicadores de la “experiencia sonora”, he terminado por relegar el legendario y arraigado nombre de Radio Universidad, que decía mucho más).
Abrió con un tema de ocasión: del corazón y sus quebrantos… al corazón roto. Bueno, no lo dijeron así de radiofónico (o cursilón, si se quiere), pero así fue: causas de infartos y el estrés de los desencuentros amorosos.
Charla con un filósofo europeo que vino a un reconocimiento en la Ibero y a presentar sus nuevos “Diálogos”. La conductora planteó interesante disyuntiva: ¿qué falla: lo político o la política? Las respuestas, profundas, valdría haberlas escuchado directamente.
Dentro de lo doméstico, lo mejor llegó con la nota del día, su glosa, con Lorenzo Meyer: el peine del por qué del nombramiento de Manuel Bartlet al frente de la CFE: para que desenmarañe los negocios privilegiados alrededor de la energía eléctrica.
Tan interesantes ambos segmentos que, por momentos, se registraba la clásica interferencia. Increíble que durante la T4 puedan darse todavía esos viejos recursos. ¿O sería pura coincidencia?
Durante la emisión, muy bien estructurada pero que a veces cubre a duras penas los tiempos previstos, pensé lo que varias veces: no tendría que prolongarse artificiosamente una charla que ya se agotó.
Y más aún: que los programas no sean tan extensos. ¿En serio piensan que hay gente para escucharlos a lo largo de tres, cuatro y hasta cinco horas? Y, ¿para qué apostar a que entren y se vayan, cuando pueden darse oyentes para espacios de razonable duración?
La señal puma era identificada por una voz femenina muy joven; de niña, pensaríamos. ¿Sería solamente un detalle? Pero no; también dijo los mensajes del corte. Muy raro.
Hacia el mediodía cambié a una estación de FM que no logré identificar y ahí dejé el radio por buen rato. Como lo hace el oyente promedio: como ruido de fondo. Algo dijeron, me parece, de las mariposas en el estómago entre enamorados, y de su duración máxima de un semestre.
Al anochecer, fui a la primera del cuadrante. Quise ver cómo se oía y qué tenía. Sorpresa: ha mejorado su sonido. ¡Y estaba al aire un programa de aviación! (En el aire, precisamente). Pero… si los programas de autos buscan emisoras de FM, ¿uno de aviones en AM, y en Chapultepec? Bueno, así es.
Luego, entre azul y buenas noches oí Las Mañanitas. Eran para el programa siguiente: Cristal azul, o algo así, que llegó al cabalístico séptimo aniversario, teniendo como autores de cabecera a algunos motivacionales muy comerciales.
El Lobo Miguel Gutiérrez aportó enseguida su cápsula Sabrosita, entre guapachosas y saludos. Y el sorteo de Lotería llegó al premio mayor por la cadena Rasa, de 6-20. Qué distintas producciones (y voces) con los sorteos de antaño, por onda corta y la Q.
Finalmente, recordé que Bernardo García cubre el último turno en vivo de El Fonógrafo, y quise corroborar lo que me habían dicho: se le está oyendo en absoluta plenitud. Y sí, así es.
De ribete, la programación de la “Noche de ronda”, muy buena. Me preguntaba si ya no la hará don Julio Avila, o si ya se decidió a aplicar lo aprendido en nuestros ayeres románticos. (Es broma al antiguo camarada de transmisiones).
Felices emisiones, realizadores y oyentes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: