De fina estampa, Arjona

La imagen puede contener: 4 personas, incluido Oscar Wong, personas sonriendo

Carlos Arjona Moguel, a la derecha, aparece con otro de los grandes locutores tonaltecos que destacaron en la capital, Marco Tulio García, Kena (hija de la comentarista La Chata Gutiérrez) y el poeta Oscar Wong.

Con creatividad desarrollada en la radio, donde fue locutor de clara dicción, ingenioso productor y programador de buen gusto, el empresario Carlos Arjona Moguel se caracterizó por su seriedad, pulcritud y perfeccionismo. Mostró de qué estaba hecho cuando tropezó en el fuerte despegue de su embotelladora de agua; perseveró y triunfó.

CUADRANTE / La columna -de Joaquín Gutiérrez Niño.

De Carlos Arjona Moguel, el primero de los grandes locutores tonaltecos que se hicieron sitio en el cuadrante capitalino, puedo recordar varios detalles, aunque ignoro muchos más que me hubiera gustado conocer.

1) Cuando irrumpió en la naciente XEDB llegó armado con una cinta de carrete abierto con novedosa y muy profesional producción con la que “vistió” la emisora. Eran voces y efectos de calidad. Fue su carta de presentación para asumir la gerencia de producción de la difusora.

2) Su presencia se hizo sentir de inmediato al relevar las grabaciones que hicieron pioneros como Laurentino B. Fuentes, Nelson Molina Solís y Romeo Humberto Coutiño Cameras. Pero, en su momento, igual le hizo su pupilo Armando Hernández con su identificación fondeada con “Fina estampa”.

3) Al asumir la gerencia general (en 1969), se caracterizó por confeccionar una programación bien balanceada, de buen gusto, con el perfil de Radio Centro, difusora donde hizo sus pinitos a la sombra de Salvador Luna Ibarra. También cuidó las voces de sus locutores.

4) Aunque no reveló el origen de su interés por el micrófono, refirió sus andanzas por Canal 13 y Radio 13. Recordaba especialmente a Narciso Monares y a Roberto Armendáriz. Al paso de los años, gustaba se le platicara del paradero de los grandes locutores de antaño.

5) Su principal innovación en la radio local acaso haya sido la incorporación del teléfono al aire para las complacencias. Sustituyó la segunda emisión de “Regalos musicales” (de 4 a 6 de la tarde), por “Instantáneas musicales” que abría con un éxito “prendido”.

6) Tras casarse con Ivette Sayeg, a quien hizo voz femenina de la DB, retornó a la Ciudad de México pero pronto volvió para purificar y embotellar agua. La campaña promocional de “Electropura Arjonsa” fue grabada por don Chavita Luna Ibarra.

7) Cuando recién incursionó en el ramo funerario, se le volvió a oír por la radio. El mismo grababa el obituario de los servicios que prestaba, lo que evidentemente resultaba un plus para sus clientes.

Desde siempre, la esquina de avenida Joaquín Miguel Gutiérrez y calle Juan C. Corzo, en Tonalá, fue muy radiofónica: ahí, a distintas horas, podían escucharse, a todo volumen, estaciones de onda corta. Era el domicilio de don Arturo Arjona y, enfrente, don Sabás Aguilar.

Esa cercanía con la buena radio nacional e internacional quizá hizo que dos de los hermanos Arjona, Antonio y Carlos, se acercaran al micrófono.

Con el paso del tiempo, Carlos no solo hizo fortuna en efectivo sino un valioso aunque disímbolo acervo museográfico, que guardó celosamente y del cual sólo mostró algunas cosas en sus capillas funerarias.

Recorte de alas -y algunos reconocimientos

De mi relación personal con él recuerdo algún serio traspié finalmente convertido en aporte que se sumó a rasgos por agradecerle:

1) Al día siguiente de mi debut en radio, hace medio siglo, Carlos cortó mis alas e ilusiones de tajo: me hizo ver que alguien que no pronunciaba la erre no podía ser locutor. Fue duro pero aleccionador. Por lo demás, quiso el destino que los detalles periféricos tuvieran felices desenlaces en lo futuro.

  1. a) Aquella vez, Arjona me facilitó ejemplares de la revista Locutor en los que, además de trabalenguas, venían notas y fotos de expresidentes de la Asociación Nacional de Locutores: Luis M. Farías y Pedro Ferriz, entre ellos.
  2. b) Ya en México, Enrique Bermúdez, padre, me pidió fuera asesor técnico de la revista Locutor, lo que, aunque no pudo concretarse del todo por las diferencias entre sindicato y asociación, no dejó de ser alentador.
  3. c) Tuve oportunidad de colaborar en El Nacional bajo la dirección de Farías y de suplir a Ferriz en Radio Fórmula -y de colaborar en algunos de sus programas de televisión.

2) Hace 50 años, en aquel mismo 1969, Arjona Moguel me permitió transmitir mis comentarios para “Acuarela social” por vía telefónica. Debía buscar por todas partes, entre los contados amigos de la época que tenían teléfono, y a veces sin que lograra salir al aire, pero se abrió el surco inicial.

3) Cuando se realizó una campaña de fondos Pro Catedral de Tapachula, en 1972 o 73, los maratonistas (viejos lobos del aire) pidieron apoyo a los colaboradores de XEDB. Pero fueron evidentes sus limitaciones para improvisar. Tras salir al quite venturosamente, Carlos Arjona me envió un telegrama que reconocía el desempeño y agradecía salvar la imagen local. Fue un verdadero trofeo que me emocionó y conservé por años.

3) Al final de mi trabajo como director de Stereo Costa, en 1998, Arjona y su grupo empresarial querían patrocinar el programa instrumental “Al vaivén de la hamaca”, lo que era un tácito reconocimiento a la calidad y aceptación que disfrutó el programa de lujo del concepto “Música, palabra y brisa” que diseñé y puse en operación.

La última vez que charlé brevemente con Arjona fue en diciembre pasado durante las exequias del amigo Mundito de la Cruz. Me invitaba a llevarle una foto para que la expusiera entre las imágenes de los valores locales que penden de los muros de la que fuera su funeraria.

Hace unos días, con la muerte de Alberto Cortés, recordé a Carlos. Cuando comenzaba “Juventud 12-90” (en 1971) llamó para corregirme: Cortés no nació en España; es argentino. “No nació en España, pero ahí murió” -pensé y sonreí.

Nacer, morir… nunca se sabe dónde ni cómo.

Ahora que velan a Carlos en su propio velatorio, y que echo de menos no estar ahí porque él me acompañó en dos de mis duelos (cuando mi madre y mi hermano Raúl) quiero dejarle constancia de mi gratitud por su interacción para conmigo.

Muy especialmente le agradezco el darme un tip clave: el maestro de ceremonias durante la gira electoral de 1970, que me impresionó (“parece que también apellida Moguel”, me dijo) era (es) de Tuxtla, por lo que pronto di con Milton Hernández Moguel, quien me acercó a RCN y a una pléyade de maestros de la radio trascendente.

Así comenzó todo, en realidad.

 

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