Contornos de Conti

(Comunicadora egresada de la Universidad Anáhuac, Conti González Báez fue productora en Radiópolis y guionista en Grupo Radio Centro. También laboró como correctora de estilo para una rama de Porrúa. Fue hija de Sergio González Lafón, quien por mucho tiempo estuvo al frente de la estratégica Dirección de Operaciones en GRC).

Tras la sorpresiva muerte de Conti González Báez vale revisar sus contornos y motivaciones centrales porque, de ambas esferas, quienes nos dedicamos a la comunicación –y principalmente quienes quieran dedicarse a ella- podemos y debemos rescatar rasgos rectores.

  1. Gran amor por la radio, demostrado de manera sobrada al atender cuanto se dijera del medio, incluso los anuncios de agrupaciones, ya de empresarios o bien laborales. Creía en los sondeos que conceden aún altos niveles de auditorio a un medio en lamentable decadencia.
  2. Gran respeto por el lenguaje, que es la herramienta fundamental de quienes ejercemos la comunicación. Y lo hizo a fondo: al punto de ejercer como correctora de estilo en prestigiosas editoriales.
  3. Gran capacidad de actualización al adaptarse y aprovechar canales alternos para la divulgación de contenidos relevantes. Esto quedó de manifiesto en páginas y grupos de Facebook, principalmente en México Piensa +

En el centro del quehacer de Conti queda la realización de radio cultural desde la radio comercial, lo que implica esfuerzo y mérito dobles. No es lo mismo emitir sin mayor necesidad de ser escuchado realmente a ganarse la atención de un auditorio que de antemano rechaza lo denso.  

Aunque hizo producción y estaba acreditada para ejercer la locución, Conti pareció sentirse no sólo cómoda sino plena en el guionismo. Esta especialidad implica el dominio de un arte fuera de lo común: acudir al tono coloquial sin perder el rigor del lenguaje escrito.

Todos esos ingredientes reunió una mujer de rasgos singulares que conformaron su fuerte pero cordial personalidad, respetuosa y tolerante hasta donde sus convicciones lo permitieron, que para su gozo y penoso final creció envuelta por la pasión que solamente la radio desata.

Es una verdadera pena que las empresas familiares, aún dueñas de concesiones, hayan perdido su signo de gratitud para con quienes las apuntalaron y/o sus descendientes. En otro momento, una hija de Sergio González Lafón nunca hubiera quedado desamparada por la industria.

Y es una pena que la radio pública sea incapaz de descubrir los verdaderos talentos del medio, probados donde se compite, y siga contentándose con teóricos y burócratas. Eso habla, y mucho, del desconocimiento o testarudez de sus directivos.

La muerte de la compañera González Báez, que muchos atribuimos a la elevada presión por la subsistencia sin ingresos suficientes (se vio obligada a desprenderse paulatinamente de buena parte de su menaje), también debe conducirnos a revisar lo que ocurre en el ámbito laboral.

No es posible que las víctimas de la cruel realidad padecida queden como anécdota  o estadística. No es posible que los trabajadores acaben en el desamparo, ni que la legislación sea cada vez más aligerada en detrimento de  los derechos y garantías laborales.

En tanto deba optarse por nuevos modelos de empresa, concesionarios y patrones en general tendrían que entender la función social de la generación de recursos. Lamentablemente, en el caso de la radiodifusión ni siquiera han logrado entender la enorme responsabilidad de comunicar con ética.

Quienes en contraparte dicen representar a los trabajadores, ya pueden tomar su porción de culpa. No solamente se trata de impedir tratos injustos (tabuladores estúpidamente polarizados), o recortes grotescos, sino de evitar la prevalencia de empleados de confianza, que acaban como ahora Conti.

Lo que esta vez queda visible, con una personalidad prominente que calló porque confiaba aún en un medio y sistema que no dan para más por los vicios de uno y otro, está repitiéndose al por mayor entre casos menos notorios pero que están alimentando un fenómeno de alcance insospechado.

Los desempleados hemos estado y estamos recargándonos sobre familiares y amigos, pero ¿qué ocurre con quienes no los tienen, ya se cansaron o simplemente ya no pueden apoyar? ¿A quiénes acudir?

Habrás de disculpar, Conti, que tu lamentable deceso me lleve a señalar una herida sangrante que nadie toma en cuenta. Estoy seguro que comprendes muy bien que de otra manera todo empeora sin que siquiera se diga.

Habrá de empeorar, lamentablemente, porque a nadie importa realmente el ser humano sino solamente sus respectivos intereses. Unos ven tan normal la depuración “natural”, el “relevo” generacional, y otros dirán que son males heredados, globales e irremediables…

Y así seguirá este maltrecho planeta, poblado por seres cada vez más irracionales, producto principalmente de medios sin remedio a los que servimos. Por fortuna, ya te has liberado.   

JGN / 201001

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